Hace
10 años don Guillermo Colín formó el grupo de danza prehispánica Citlalchan, motivado por su interés en “salvar
a unas jovencitas del vicio” y reintegrarlas a la comunidad. Actualmente el
grupo forma parte del colectivo Arte
Conciente en La Fama y, además de la danza, enseña algo de historia y
náhuatl en el lago de las Fuentes Brotantes. La misión de Citlalchan no sólo es la recuperación de la cultura prehispánica,
sino, también el rescate de los espacios públicos y la defensa de los recursos
naturales del territorio tlalpense.
Don Guillermo es tecuhtli de su grupo o calpulli, al cual guía durante cada danza ceremonial para pedir que el agua del manantial de Fuentes Brotantes no se agote y que los bosques del Ajusco no dejen de brindarnos aire puro. El ritual se realiza cada sábado a partir de las nueve y media de la mañana y hasta la una de la tarde. La familia del tecuhtli comparte la danza y sus conocimientos a cualquier persona que guste acercarse y celebrar el ritual, no importa la edad, el sexo, el género o la posición socioeconómica.
Don Guillermo es tecuhtli de su grupo o calpulli, al cual guía durante cada danza ceremonial para pedir que el agua del manantial de Fuentes Brotantes no se agote y que los bosques del Ajusco no dejen de brindarnos aire puro. El ritual se realiza cada sábado a partir de las nueve y media de la mañana y hasta la una de la tarde. La familia del tecuhtli comparte la danza y sus conocimientos a cualquier persona que guste acercarse y celebrar el ritual, no importa la edad, el sexo, el género o la posición socioeconómica.
En
la danza los participantes hacen comunidad, cada integrante adquiere
responsabilidades. Una persona se encarga de llevar el fuego sagrado, otra de
llevar el orden y el cumplimiento de las reglas, alguna toca el huéhuetl para marcar el ritmo de la
danza y una más toca el sonido del viento con el caracol para iniciar los
pedimentos que harán a los cuatro rumbos. El tecuhtli es quien lleva la palabra. Todos ofrecen su respeto al Xitle
por ser el ombligo de la región y manifestación del fuego, y al Ajusco por ser
guardián de los bosques.
Don
Guillermo es un militar jubilado de 50 años de edad, matlazinca de origen y nativo de Tlalpan. Aprendió a respetar la
vida porque su padre fue guardabosques en la época durante la cual operó la
fábrica de hilados y tejidos de La Fama. El tecuhtli
recuerda que su padre cuidaba el bosque y daba mantenimiento al manantial no
sólo porque el agua fuera importante para el proceso productivo de la fábrica,
sino, porque el agua era indispensable para cultivar los sembradíos de los
campos de la zona.
Sin
embargo, el desarrollo industrial iniciado por la Fábrica desgarró el carácter
sagrado e íntimo que la gente tenía con la naturaleza. Don Guillermo piensa que
desde entonces se rompió la relación que la gente tenía con el bosque y el Lago,
situación que se ha intensificado por el proceso de urbanización actual. Los
campesinos se desarraigaron y en su lugar se establecieron los condominios:
"Eso
sucedió a raíz de que llegaron muchas compañías urbanizadoras a comprar y la
gente (...) comenzó a vender sus parcelas, sus tierras, porque aquí al otro
lado de la barranca todo eso se sembraba, en partes de Santa Úrsula se
sembraba. Pero comenzaron a llegar compañías urbanizadoras (...) y la gente
nativa emigró. Entonces, la cuestión de que se haya perdido esa armonía que la
gente nativa tenía con la naturaleza se dio porque migraron, emigraron porque
vendieron sus parcelas, sus terrenos, entonces llegó gente ajena al lugar, a la
sociedad que aquí imperaba. Inclusive aquí había establos. Yo conocía a una
familia que tenía muchas vacas, las sacaban a pastar aquí donde está toda la
zona habitacional de FOVISSSTE, eran campos donde pastaban muchos animales
(...) Había una fusión más con la naturaleza porque era gente nativa (...) ya
la gente nueva no aprecia lo que la gente antigua hacía aquí (...) Aquí había
una convivencia más íntima con el lugar. Pero comenzaron a urbanizar, a hacer
unidades habitacionales, condominios y entonces la gente nativa emigró y se
perdió esa fusión que había con la naturaleza" (Don Guillermo, entrevista 2013).
Para
el tecuhtli de Citlalchan no hubo progreso tras la industrialización que trajo
consigo la fábrica, pero tampoco con los proyectos actuales de desarrollo.
Afirma que el actual modelo de urbanización ha heredado las prácticas de los
españoles, quienes construyeron encima de los templos prehispánicos de la gran
ciudad mexica para edificar el centro urbano de la Nueva España, intentando borrar
los referentes de una cultura de gran riqueza como la azteca.
Ahora
lo vivimos de la misma forma no sólo en Teotihuacán con la construcción de un
centro comercial, sino en Cuicuilco, ciudad sobre la que fue construida Plaza
Inbursa. El Metrobús de Insurgentes y el tramo sur de la Supervía no han
beneficiado a la población local, al contrario, han provocado caos, conflicto,
encarecimiento de los recursos y la elevación del costo de la vida:
"En vez
de haber un progreso fue un retroceso, porque se congestionó más el tráfico
(...) El progreso llegó pero no para la gente de aquí. Llegó para la gente que
buscó sus intereses económicos metiendo, por ejemplo, el Metrobús, haciendo la
Supervía, pero para la gente nativa de los lugares el supuesto progreso afectó gravemente
(...) Es un gran error y una barbarie, por ejemplo, lo que hicieron en
Teotihuacan, que hicieron un Walmart
enfrente de la pirámide. La Plaza Inbursa está encima de un basamento, está
encima de una gran ciudad cuicuilca, abajo de los edificios hay ventanas
prehispánicas, pero ahí se manejan intereses muy poderosos que lo único que
puede hacer uno, como en mi caso, es ir a seguir haciendo ceremonias para que
vean que la presencia sigue ahí, pero si por ellos fuera ya hubieran rodeado la
pirámide, ya la hubieran hecho propiedad privada" (Don Guillermo, entrevista
2013).
El tecuhtli del grupo Citlalchan considera que a través de las costumbres y tradiciones
que promueven, difunden y fomentan por medio de la enseñanza gratuita de la
danza prehispánica, las nuevas generaciones aprenden a respetar los bosques,
las montañas y el agua. Con las ceremonias y rituales que realizan tanto en
Fuentes Brotantes como en Cuicuilco y otras localidades de la ciudad y de la
República mexicana, los integrantes de Citlalchan
inculcan el respeto por la tierra que se pisa, por el aire que se respira, por
la luz, el calor, el agua y el fuego.
Antes
de iniciar y terminar cada danza ceremonial, los danzantes saludan y dan
gracias (tlapaloli y tlazocamati) a los cuatro rumbos, a la
jícara celeste (el Sol), a la madre tierra Tonantzin
Tlalli y al inframundo. Ofrendan su respeto al oriente a Tlahuiztlampa, al poniente a Cihuatlampa, al norte a Mictlampa lugar del descanso eterno, al
sur Huitztlampa lugar de la abundancia,
lugar de Huitzilopochtli. Todos
ofrecen su respeto a Tláloc y piden
que las autoridades tomen conciencia y hagan su trabajo para impedir que el
agua del manantial siga yéndose a la coladera.
El grupo da gracias por las cosas que están, de las cuales pueden disponer, pero con respeto, porque todo tiene vida y por eso hay que pedir permiso para utilizarlas y dar gracias por los servicios brindados. Citlalchan piensa que no hay que maltratar la naturaleza, ni a los animales, que debe haber respeto entre la gente. A través de la danza enseña los valores morales que se han perdido y que en la cultura prehispánica siempre estaban presentes, el respeto hacia todo, valores para la formación de un buen ser humano.
El grupo da gracias por las cosas que están, de las cuales pueden disponer, pero con respeto, porque todo tiene vida y por eso hay que pedir permiso para utilizarlas y dar gracias por los servicios brindados. Citlalchan piensa que no hay que maltratar la naturaleza, ni a los animales, que debe haber respeto entre la gente. A través de la danza enseña los valores morales que se han perdido y que en la cultura prehispánica siempre estaban presentes, el respeto hacia todo, valores para la formación de un buen ser humano.