Por Alberto Juárez Espíndola
Asesinos por naturaleza (Natural Born Killers) es el título de una película cinematográfica dirigida por Oliver Stone. Este filme tuvo contacto con las audiencias en el año de 1994 y está basado en una historia de Quentin Tarantino. Nos relata sarcásticamente, a manera de videoclip y parodiando los programas televisivos; los múltiples asesinatos de Mickey y Mallory (Woody Harrelson y Juliette Lewis).
La temática se centra en el significado del asesinato, en cómo es tratado y presentado ante la gente por la televisión. Concepto que la película aborda mostrándonos un mundo invadido por el ojo público y burlón, a través del televisor, que nos reduce a la triste posición de expectantes, subordinados a la satisfacción aberrante de nuestra fascinación por lo trivial.
La vida misma es convencional, es complicada e intrigante, es material que sirve a los periodistas, a los reporteros y demás trabajadores de la industria de la televisión; para hacer programas que retraten una visión distorsionada de la realidad y de la verdadera situación de una nación con problemas graves como la violencia intrafamiliar, lo cual a su vez provoca más violencia, del hombre contra el hombre y contra la sociedad.
Mickey y Mallory parecen productos del video y de la expectación, sin embargo no son asesinos porque así lo desee un reportero, no existen por el simple hecho de aparecer en el televisor. Simplemente son dos sujetos, una pareja, un hombre y una mujer que la violencia unió; de los cuales, los medios masivos de comunicación hacen propaganda, por medio de un programa sobre crímenes, cuyo único interés es el rating, no luchar para que la ola de asesinatos cese.
Oliver Stone retrata sarcásticamente, con enormes destellos de verdad, cómo es que la vida de la sociedad americana es tremendamente influenciada por la televisión. Y lo hace utilizando los mismos recursos que utiliza esta industria. Rechaza y juzga burlonamente los valores y el cinismo de la sociedad. Habla del sometimiento, de la violencia de género y el crimen a manera de parodia, de sátira, con comicidad.
Y tal vez reírnos de la desgracia y la miseria que nos presenta el televisor, sea mejor que tomar conciencia y quebrarnos la cabeza para hacer un mundo mejor. Esto mismo lo han notado Mickey y Mallory, se dieron cuenta de que los seres humanos se destruyen a sí mismos y no quieren cambiar; así que se dieron a la tarea de unir sus vidas y entregar su amor al odio, al extermino de sus hipócritas semejantes, quienes no admiten sus verdaderos deseos asesinos y sexuales.
La película nos presenta a dos personajes, con las mismas pasiones y debilidades de cualquier ser humano, elevados a un plano de igualdad, sólo los distinguen sus genitales. Se nos muestran como dos seres lastimados, que huyen de sí mismos (de los fantasmas de su subconsciente), matando y asesinando aquello que los agrede, que les hace recordar a sus violentos padres. No son ellos los victimarios, son las víctimas de una sociedad corrupta, con todas sus instituciones viciadas: la iglesia, el Estado, la familia, etc.
Incluso Mickey se atreve a dar un discurso a toda la nación, desde la cárcel y ante un reportero (Robert Downey Jr.) obstinado, el cual sólo esta sediento de fama. Y así, ante la cámara, el asesino nos dice que matar es natural, es instintivo. Entonces, el reportero obtiene la exclusiva y el espectador una sensación primitiva. Sus palabras y su imagen alteran el orden, la paz pública y social; pero eso no importa mientras la gente lo mire por el televisor y consuma los productos que se anuncian durante el programa.
En esta película de Stone, se ataca la mentalidad mercantilista-capitalista, la cual ha llevado a la industria televisiva a adoptar un discurso lleno de hipocresía. Por un lado, esta industria defiende fervientemente valores conservadores y puritanos, con intolerante rechazo a las conductas que suponen son anormales. Por el otro, es este mismo rechazo lo que les hace insistir en temas que degradan a la sociedad, lo cual exaltan en la televisión, convirtiéndolo de manera irónica en moda, en culto al antivalor.
Por lo anterior, Mickey y Mallory se convirtieron en unas celebridades, a pesar de ser personajes temidos, eran los nuevos antihéroes aclamados. El estar presentes ante el ojo público les dio fama, reputación. Parecía que sólo eran parias luchando por crear un nuevo mundo y un mejor orden social. Eran filósofos tratando de descifrar el problema metafísico y axiológico del ser. Vivían como el hombre primitivo de Hobbes.
Y es el mismo Hobbes quien nos habla de un estado de naturaleza, donde los seres humanos vivían sin gobierno alguno, peleando y matando por competencia, desconfianza, ambición de fama y gloria, obtener las posesiones de otro, proteger lo propio y por reputación. Decía que este estado de guerra producía en el ser humano temor y soledad, su vida se volvía pobre, tosca, embrutecida y breve; con miedo a una muerte violenta y a un poder más fuerte. Aseguraba que se podía salir de dicho estado buscando la paz y siguiéndola, pero al carecer de ésta, se debía defender uno mismo y por todos los medios posibles tratar de conseguirla.
Al igual que Mickey, Mallory fue violentada desde pequeña en su casa, por su padre violada y atormentada; ambos sufrían del yugo opresor de la ira de su entorno inmediato, su familia, hasta que decidieron romper las cadenas que los esclavizaban a una vida de martirio y mataron a sus victimarios. Tan sólo para seguir matando a la sociedad, no por naturaleza, sino porque sus conflictos internos, los fantasmas del subconsciente, asaltaban su felicidad. Ellos mismos estaban concientes de que sólo el amor los iba a liberar. No mataban por gusto, por naturaleza, sino por ansiedad.
Stone logra exponer muy bien el fenómeno posmoderno de la relatividad, de la relativización de los conceptos modernos logrados por la supremacía de la razón. Y la televisión contribuye a esto, valorando más el sentimiento, que el raciocinio que nos hace humanos. Pero tal vez estamos equivocados, lo que pasa dentro del televisor no es inventado, a lo mejor es el reflejo de lo que nuestra sociedad ha provocado ¿Qué es bueno, qué es malo? Ningún problema filosófico, social y económico importa mientras nos libremos de la influenza y sigamos teniendo hamburguesas y Coca Cola.
Mickey tendría razón en decir que los seres humanos somos asesinos por naturaleza. La tendría si sólo fuéramos animales, abandonados a nuestras emociones e instintos. Pero el grupo familiar, la sociedad y el Estado nos condicionan; nos adoctrinan y educan para contener nuestras conductas. Y pienso yo en este sentido ¿La televisión no debería ser una válvula de escape, un medio catártico que nos salve de nuestras más oscuras pretensiones? ¿No debería ser un medio de acción política y social para realmente evolucionar?
Y digo válvula de escape porque tal vez si tenemos deseos de matar, podríamos matar a través de la ficción, construyendo un personaje imaginario que hiciera lo que la sociedad nos impide hacer en la realidad y así liberarnos de nuestros demonios internos. Y digo medio de acción política y social, porque hasta ahora lo único que evoluciona es la técnica y la protección económica del capital. Así, la televisión no es más que una nueva institución, la cual nos trata de imponer aspiraciones y modelos a seguir; nos bombardea ideológicamente intentando volvernos consumidores, espectadores pasivos del mundo y de nuestra vida misma.
Mickey y Mallory no eran asesinos por naturaleza, solo estaban condicionados por sus experiencias emocionales, por su enfermedad. La televisión los utilizó para ganar audiencia, para segmentar la realidad, exaltar su personalidad y vender más espacios publicitarios a los propietarios del gran capital. Y fueron las televisoras y sus patrocinadores, quienes abusaron de ellos como antes lo hicieran sus padres, porque sólo explotaron su imagen, la intención no era ayudarlos o reinsertarlos en la sociedad.
Sin embargo, la película tiene un final feliz. Feliz para la pareja que logra salir de la cárcel y continuar amándose. Ambos aniquilaron a quienes les representaban a sus violentos padres, a la escoria de la sociedad, pero también a los apáticos e indiferentes y sobre todo al representante del periodismo pusilánime de su actualidad. Fueron asesinos por naturaleza, porque no pudieron interpretar sus emociones, sus miedos, ni a la filosofía de la sociedad; la cual les maldijo con el estigma del mal y ellos lo creyeron, le dieron gusto al sistema inhumano del capital, al placer y a la perversidad.
Asesinos por naturaleza (Natural Born Killers) es el título de una película cinematográfica dirigida por Oliver Stone. Este filme tuvo contacto con las audiencias en el año de 1994 y está basado en una historia de Quentin Tarantino. Nos relata sarcásticamente, a manera de videoclip y parodiando los programas televisivos; los múltiples asesinatos de Mickey y Mallory (Woody Harrelson y Juliette Lewis).
La temática se centra en el significado del asesinato, en cómo es tratado y presentado ante la gente por la televisión. Concepto que la película aborda mostrándonos un mundo invadido por el ojo público y burlón, a través del televisor, que nos reduce a la triste posición de expectantes, subordinados a la satisfacción aberrante de nuestra fascinación por lo trivial.
La vida misma es convencional, es complicada e intrigante, es material que sirve a los periodistas, a los reporteros y demás trabajadores de la industria de la televisión; para hacer programas que retraten una visión distorsionada de la realidad y de la verdadera situación de una nación con problemas graves como la violencia intrafamiliar, lo cual a su vez provoca más violencia, del hombre contra el hombre y contra la sociedad.
Mickey y Mallory parecen productos del video y de la expectación, sin embargo no son asesinos porque así lo desee un reportero, no existen por el simple hecho de aparecer en el televisor. Simplemente son dos sujetos, una pareja, un hombre y una mujer que la violencia unió; de los cuales, los medios masivos de comunicación hacen propaganda, por medio de un programa sobre crímenes, cuyo único interés es el rating, no luchar para que la ola de asesinatos cese.
Oliver Stone retrata sarcásticamente, con enormes destellos de verdad, cómo es que la vida de la sociedad americana es tremendamente influenciada por la televisión. Y lo hace utilizando los mismos recursos que utiliza esta industria. Rechaza y juzga burlonamente los valores y el cinismo de la sociedad. Habla del sometimiento, de la violencia de género y el crimen a manera de parodia, de sátira, con comicidad.
Y tal vez reírnos de la desgracia y la miseria que nos presenta el televisor, sea mejor que tomar conciencia y quebrarnos la cabeza para hacer un mundo mejor. Esto mismo lo han notado Mickey y Mallory, se dieron cuenta de que los seres humanos se destruyen a sí mismos y no quieren cambiar; así que se dieron a la tarea de unir sus vidas y entregar su amor al odio, al extermino de sus hipócritas semejantes, quienes no admiten sus verdaderos deseos asesinos y sexuales.
La película nos presenta a dos personajes, con las mismas pasiones y debilidades de cualquier ser humano, elevados a un plano de igualdad, sólo los distinguen sus genitales. Se nos muestran como dos seres lastimados, que huyen de sí mismos (de los fantasmas de su subconsciente), matando y asesinando aquello que los agrede, que les hace recordar a sus violentos padres. No son ellos los victimarios, son las víctimas de una sociedad corrupta, con todas sus instituciones viciadas: la iglesia, el Estado, la familia, etc.
Incluso Mickey se atreve a dar un discurso a toda la nación, desde la cárcel y ante un reportero (Robert Downey Jr.) obstinado, el cual sólo esta sediento de fama. Y así, ante la cámara, el asesino nos dice que matar es natural, es instintivo. Entonces, el reportero obtiene la exclusiva y el espectador una sensación primitiva. Sus palabras y su imagen alteran el orden, la paz pública y social; pero eso no importa mientras la gente lo mire por el televisor y consuma los productos que se anuncian durante el programa.
En esta película de Stone, se ataca la mentalidad mercantilista-capitalista, la cual ha llevado a la industria televisiva a adoptar un discurso lleno de hipocresía. Por un lado, esta industria defiende fervientemente valores conservadores y puritanos, con intolerante rechazo a las conductas que suponen son anormales. Por el otro, es este mismo rechazo lo que les hace insistir en temas que degradan a la sociedad, lo cual exaltan en la televisión, convirtiéndolo de manera irónica en moda, en culto al antivalor.
Por lo anterior, Mickey y Mallory se convirtieron en unas celebridades, a pesar de ser personajes temidos, eran los nuevos antihéroes aclamados. El estar presentes ante el ojo público les dio fama, reputación. Parecía que sólo eran parias luchando por crear un nuevo mundo y un mejor orden social. Eran filósofos tratando de descifrar el problema metafísico y axiológico del ser. Vivían como el hombre primitivo de Hobbes.
Y es el mismo Hobbes quien nos habla de un estado de naturaleza, donde los seres humanos vivían sin gobierno alguno, peleando y matando por competencia, desconfianza, ambición de fama y gloria, obtener las posesiones de otro, proteger lo propio y por reputación. Decía que este estado de guerra producía en el ser humano temor y soledad, su vida se volvía pobre, tosca, embrutecida y breve; con miedo a una muerte violenta y a un poder más fuerte. Aseguraba que se podía salir de dicho estado buscando la paz y siguiéndola, pero al carecer de ésta, se debía defender uno mismo y por todos los medios posibles tratar de conseguirla.
Al igual que Mickey, Mallory fue violentada desde pequeña en su casa, por su padre violada y atormentada; ambos sufrían del yugo opresor de la ira de su entorno inmediato, su familia, hasta que decidieron romper las cadenas que los esclavizaban a una vida de martirio y mataron a sus victimarios. Tan sólo para seguir matando a la sociedad, no por naturaleza, sino porque sus conflictos internos, los fantasmas del subconsciente, asaltaban su felicidad. Ellos mismos estaban concientes de que sólo el amor los iba a liberar. No mataban por gusto, por naturaleza, sino por ansiedad.
Stone logra exponer muy bien el fenómeno posmoderno de la relatividad, de la relativización de los conceptos modernos logrados por la supremacía de la razón. Y la televisión contribuye a esto, valorando más el sentimiento, que el raciocinio que nos hace humanos. Pero tal vez estamos equivocados, lo que pasa dentro del televisor no es inventado, a lo mejor es el reflejo de lo que nuestra sociedad ha provocado ¿Qué es bueno, qué es malo? Ningún problema filosófico, social y económico importa mientras nos libremos de la influenza y sigamos teniendo hamburguesas y Coca Cola.
Mickey tendría razón en decir que los seres humanos somos asesinos por naturaleza. La tendría si sólo fuéramos animales, abandonados a nuestras emociones e instintos. Pero el grupo familiar, la sociedad y el Estado nos condicionan; nos adoctrinan y educan para contener nuestras conductas. Y pienso yo en este sentido ¿La televisión no debería ser una válvula de escape, un medio catártico que nos salve de nuestras más oscuras pretensiones? ¿No debería ser un medio de acción política y social para realmente evolucionar?
Y digo válvula de escape porque tal vez si tenemos deseos de matar, podríamos matar a través de la ficción, construyendo un personaje imaginario que hiciera lo que la sociedad nos impide hacer en la realidad y así liberarnos de nuestros demonios internos. Y digo medio de acción política y social, porque hasta ahora lo único que evoluciona es la técnica y la protección económica del capital. Así, la televisión no es más que una nueva institución, la cual nos trata de imponer aspiraciones y modelos a seguir; nos bombardea ideológicamente intentando volvernos consumidores, espectadores pasivos del mundo y de nuestra vida misma.
Mickey y Mallory no eran asesinos por naturaleza, solo estaban condicionados por sus experiencias emocionales, por su enfermedad. La televisión los utilizó para ganar audiencia, para segmentar la realidad, exaltar su personalidad y vender más espacios publicitarios a los propietarios del gran capital. Y fueron las televisoras y sus patrocinadores, quienes abusaron de ellos como antes lo hicieran sus padres, porque sólo explotaron su imagen, la intención no era ayudarlos o reinsertarlos en la sociedad.
Sin embargo, la película tiene un final feliz. Feliz para la pareja que logra salir de la cárcel y continuar amándose. Ambos aniquilaron a quienes les representaban a sus violentos padres, a la escoria de la sociedad, pero también a los apáticos e indiferentes y sobre todo al representante del periodismo pusilánime de su actualidad. Fueron asesinos por naturaleza, porque no pudieron interpretar sus emociones, sus miedos, ni a la filosofía de la sociedad; la cual les maldijo con el estigma del mal y ellos lo creyeron, le dieron gusto al sistema inhumano del capital, al placer y a la perversidad.
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La película termina con una remembranza histórico-televisiva sobre casos de asesinato. Comprobándonos finalmente que en la actualidad, nuestros gustos, alegrías, miedos, pasiones y la toma de decisiones son tremendamente influenciadas por los aparatos mediáticos y la sociedad que los engrandece. La televisión hace historia en nuestro inconciente. Pareciera que salir en la tele es un éxito personal, una forma de ascenso social, de progresar. Mas no es preferible para la evolución humana utilizar la vida y sus medios técnicos, prácticos y teóricos para la superación individual; cualquier acción debe aspirar al mejoramiento del grupo, del individuo, de la colectividad.
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