Por Alberto Juárez Espíndola
La Oveja Negra es una película emblemática, dirigida por Ismael Rodríguez en 1949, la cual retrata al México rural de la posrevolución. Muestra algunos aspectos de la sociedad tradicional, con sus arquetipos más representativos.
Este film es un reflejo de las relaciones familiares, sociales, políticas y económicas que se daban en ese entonces en el país. Es una visión sobre el México ranchero y refleja algunos de sus semblantes más criticados.
La actuación de figuras como Pedro Infante y Fernando Soler, incrementan el valor simbólico de la película y la vuelven más popular de lo que el tema ya lo es.
La fotografía es excelente, la sucesión de escenas es muy dinámica y la atmósfera creada, tanto por la música como por las actuaciones dramáticas, te envuelven dentro de la tristeza y alegría de los personajes.
En la película, los arquetipos son muy firmes y los personajes no evolucionan aunque sientan arrepentimiento, es como un ciclo sin fin de sensaciones frustrantes. La esposa abnegada sufre hasta su muerte. El esposo y padre autoritario es borracho, mujeriego y patán por siempre. El hijo lucha contra sí mismo para soportar las humillaciones de su padre y sutil violencia de su “amorosa” madre, quien le reprocha muchas veces su conducta.
Se nos muestra a una familia con buena posición social, dentro del campo y la vida rural. Un padre de familia infiel, borracho, jugador y violento. El hijo que trata de no seguir los pasos de su padre aunque vaya por el mismo sendero en busca de la aprobación paterna y el amor materno.
Todavía no existe una mujer independiente, que no necesite vivir a expensas de las migajas de un patán. El alcohol, el cigarro, el juego, las armas de fuego, la infidelidad, la trampa política y la desintegración social también son actores de esta película, actores sumamente importantes.
El alcohol es una pócima capaz de poner eufóricos o melancólicos a los seres humanos. Y así, junto con el cigarro, el juego, la infidelidad y las relaciones entre hombre y mujer son sinónimo de madurez masculina. Así lo dice Cruz Treviño, quien expresa que su hijo todavía tiene la leche en los labios, porque no le conoce novia alguna; no deja que su hijo madure, no lo deja tomar, fumar, ni jugar en frente de él.
Asimismo, la pistola es símbolo de hombría, una extensión del poder machista; como lo es también ser “padrino” de decenas de chamacos. Es símbolo de juventud y hombría saltar a caballo, ser violento y contestar con golpes a toda calumnia.
Se muestran relaciones enfermas, de co-dependencia, donde las parejas no se separan aún habiendo violencia e infidelidad. La imbecilidad ingenua de las mujeres, la cual les obliga a perdonar una y otra vez al estúpido macho inmaduro y ventajoso; se muestra como estandarte de la vida conyugal de entonces. La familia se respeta, tan sólo en apariencia.
Se muestra al hombre mexicano cantarín, bailador, buen mozo, holgazán, borracho y bueno para la parranda y el balazo al aire. La mujer es buena sólo si es abnegada y aguanta las ofensas del marido, pero es mala (peor que el hombre) cuando se masculinizan sus actitudes.
La película es muy actual, porque el machismo sigue vigente y ahora tiene su antítesis en el feminismo. La lucha hombre vs. mujer es cada vez más encarnada, así como la desigualdad de género, donde las mujeres tienen espacios exclusivos para ellas y los hombres también. La unión no es promovida, la desintegración social se incrementa por el número de madres solteras y padres desobligados. El consumo de drogas, como el alcohol y otros, ha alcanzado niveles alarmantes; de igual forma como la violencia.
Como en esta película, pareciera que México va bien, porque las situaciones de infidelidad, violencia y vicios del hombre son expuestos de manera chusca y divertida; elevándolos a mito digno de culto, en tanto que cobran representación dentro del espectáculo. Pareciera que la situación familiar, económica, social y política va a mejorar; pero no, tan sólo es una espiral que nos eleva el espíritu por ratos con falsas expectativas, pero nos regresa a una realidad aberrante y poco deseable.
Por eso es mejor evadir el sufrimiento y aparentar como Bibianita y Silvano. Creyendo en falsas promesas de patriarcas autoritarios y desobligados, faltos de compromiso social y moral.
Esta película es excelente, es dramática y da rienda suelta a la esperanza. Tal vez Silvano madure y rompa el lazo vicioso que tiene con su familia y haga algo por él mismo y por su pueblo.
La Oveja Negra es una película emblemática, dirigida por Ismael Rodríguez en 1949, la cual retrata al México rural de la posrevolución. Muestra algunos aspectos de la sociedad tradicional, con sus arquetipos más representativos.
Este film es un reflejo de las relaciones familiares, sociales, políticas y económicas que se daban en ese entonces en el país. Es una visión sobre el México ranchero y refleja algunos de sus semblantes más criticados.
La actuación de figuras como Pedro Infante y Fernando Soler, incrementan el valor simbólico de la película y la vuelven más popular de lo que el tema ya lo es.
La fotografía es excelente, la sucesión de escenas es muy dinámica y la atmósfera creada, tanto por la música como por las actuaciones dramáticas, te envuelven dentro de la tristeza y alegría de los personajes.
En la película, los arquetipos son muy firmes y los personajes no evolucionan aunque sientan arrepentimiento, es como un ciclo sin fin de sensaciones frustrantes. La esposa abnegada sufre hasta su muerte. El esposo y padre autoritario es borracho, mujeriego y patán por siempre. El hijo lucha contra sí mismo para soportar las humillaciones de su padre y sutil violencia de su “amorosa” madre, quien le reprocha muchas veces su conducta.
Se nos muestra a una familia con buena posición social, dentro del campo y la vida rural. Un padre de familia infiel, borracho, jugador y violento. El hijo que trata de no seguir los pasos de su padre aunque vaya por el mismo sendero en busca de la aprobación paterna y el amor materno.
Todavía no existe una mujer independiente, que no necesite vivir a expensas de las migajas de un patán. El alcohol, el cigarro, el juego, las armas de fuego, la infidelidad, la trampa política y la desintegración social también son actores de esta película, actores sumamente importantes.
El alcohol es una pócima capaz de poner eufóricos o melancólicos a los seres humanos. Y así, junto con el cigarro, el juego, la infidelidad y las relaciones entre hombre y mujer son sinónimo de madurez masculina. Así lo dice Cruz Treviño, quien expresa que su hijo todavía tiene la leche en los labios, porque no le conoce novia alguna; no deja que su hijo madure, no lo deja tomar, fumar, ni jugar en frente de él.
Asimismo, la pistola es símbolo de hombría, una extensión del poder machista; como lo es también ser “padrino” de decenas de chamacos. Es símbolo de juventud y hombría saltar a caballo, ser violento y contestar con golpes a toda calumnia.
Se muestran relaciones enfermas, de co-dependencia, donde las parejas no se separan aún habiendo violencia e infidelidad. La imbecilidad ingenua de las mujeres, la cual les obliga a perdonar una y otra vez al estúpido macho inmaduro y ventajoso; se muestra como estandarte de la vida conyugal de entonces. La familia se respeta, tan sólo en apariencia.
Se muestra al hombre mexicano cantarín, bailador, buen mozo, holgazán, borracho y bueno para la parranda y el balazo al aire. La mujer es buena sólo si es abnegada y aguanta las ofensas del marido, pero es mala (peor que el hombre) cuando se masculinizan sus actitudes.
La película es muy actual, porque el machismo sigue vigente y ahora tiene su antítesis en el feminismo. La lucha hombre vs. mujer es cada vez más encarnada, así como la desigualdad de género, donde las mujeres tienen espacios exclusivos para ellas y los hombres también. La unión no es promovida, la desintegración social se incrementa por el número de madres solteras y padres desobligados. El consumo de drogas, como el alcohol y otros, ha alcanzado niveles alarmantes; de igual forma como la violencia.
Como en esta película, pareciera que México va bien, porque las situaciones de infidelidad, violencia y vicios del hombre son expuestos de manera chusca y divertida; elevándolos a mito digno de culto, en tanto que cobran representación dentro del espectáculo. Pareciera que la situación familiar, económica, social y política va a mejorar; pero no, tan sólo es una espiral que nos eleva el espíritu por ratos con falsas expectativas, pero nos regresa a una realidad aberrante y poco deseable.
Por eso es mejor evadir el sufrimiento y aparentar como Bibianita y Silvano. Creyendo en falsas promesas de patriarcas autoritarios y desobligados, faltos de compromiso social y moral.
Esta película es excelente, es dramática y da rienda suelta a la esperanza. Tal vez Silvano madure y rompa el lazo vicioso que tiene con su familia y haga algo por él mismo y por su pueblo.
sabes me encanta lo que escribes besos...
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