Por Alberto Juárez Espíndola
Me encontraba en la universidad, dentro del salón de clases, sentado en una silla y con los ojos cerrados. Así permanecí varios minutos, ignorando a mis compañeros e incluso al profesor, hasta que múltiples sonidos fueron penetrando por todo mi cuerpo.
Al principio no distinguí qué clase de ruidos eran aquellos que flotaban en el aire, se metían por mis orejas e inundaban con ideas mi mente. Pude escuchar el murmullo de los salones adyacentes, el estruendo de las podadoras de césped y el barullo lejano de muchos estudiantes.
De pronto, mi atención se centró en el canto de un ave, no pude vislumbrar qué tipo de especie era, su trinar no me fue conocido. Poco a poco su dulce sonido se alejaba, decidió emprender el vuelo lejos de donde pudiera escucharla y yo seguí su viaje, tratando de alcanzarla.
Aleteó, pude oírla, voló con fuerza. Imaginé que se deslizaba por el aire y jugueteaba con las nubes. Mi pensamiento quería mantenerla fuera del alcance de la urbe, pero supuse que no tardaría en toparse con la ciudad y llegaría allá, donde los carros y las personas transitan sin piedad.
Aún con los ojos cerrados pude observar cómo ella vacilaba entre la multitud indiferente, entre nubes de contaminación y ruidos horrorosos. Pensé que lucharía por elevarse de nuevo y trataría de encontrar asilo en lo más alto del cielo. Hubiera querido ayudarla a salir de ese infierno.
Me dio vueltas la cabeza. La imagen de mi hermana se presentó ante mí, estaba dentro de un hospital. La observé a través de los ojos del ave, la cual súbitamente regresó conmigo. Quiso que la protegiera. Pero calló en silencio. Dejé de escucharla. Todo en mi mente se esfumó.
Me encontraba en la universidad, dentro del salón de clases, sentado en una silla y con los ojos cerrados. Así permanecí varios minutos, ignorando a mis compañeros e incluso al profesor, hasta que múltiples sonidos fueron penetrando por todo mi cuerpo.
Al principio no distinguí qué clase de ruidos eran aquellos que flotaban en el aire, se metían por mis orejas e inundaban con ideas mi mente. Pude escuchar el murmullo de los salones adyacentes, el estruendo de las podadoras de césped y el barullo lejano de muchos estudiantes.
De pronto, mi atención se centró en el canto de un ave, no pude vislumbrar qué tipo de especie era, su trinar no me fue conocido. Poco a poco su dulce sonido se alejaba, decidió emprender el vuelo lejos de donde pudiera escucharla y yo seguí su viaje, tratando de alcanzarla.
Aleteó, pude oírla, voló con fuerza. Imaginé que se deslizaba por el aire y jugueteaba con las nubes. Mi pensamiento quería mantenerla fuera del alcance de la urbe, pero supuse que no tardaría en toparse con la ciudad y llegaría allá, donde los carros y las personas transitan sin piedad.
Aún con los ojos cerrados pude observar cómo ella vacilaba entre la multitud indiferente, entre nubes de contaminación y ruidos horrorosos. Pensé que lucharía por elevarse de nuevo y trataría de encontrar asilo en lo más alto del cielo. Hubiera querido ayudarla a salir de ese infierno.
Me dio vueltas la cabeza. La imagen de mi hermana se presentó ante mí, estaba dentro de un hospital. La observé a través de los ojos del ave, la cual súbitamente regresó conmigo. Quiso que la protegiera. Pero calló en silencio. Dejé de escucharla. Todo en mi mente se esfumó.
me gusto mucho el principio aunque, no pude entender el final creo como lo esperabas pero aun asi me agrada.atte yolatl
ResponderEliminarjaja... te amooo sopencoooo!!!!!!.... FER
ResponderEliminarENTRE EL CIELO Y LA TIERRA, ENTRE EL ESPIRITU Y EL ALMA, ENTRE LA FELICIDAD Y EL PLACER Y COMO REMEDIO LA ALEGRIA...
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